La RAE los define como: "Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal".
De tal forma, que los prejuicios no sólo nos distraen del objetivo, sino que nos limitan porque etiquetan a las situaciones, personas, cosas, etc., emitiendo sentencias absolutistas que eliminan toda posibilidad de relativismo.
Si yo pienso que las personas X no invierten en salud, por ejemplo, no dirigiré mis fuerzas hacia ese sector de la población, privándome de toda posibilidad que anule total o parcialmente mi prejuicio y, por tanto, de todo éxito con ese colectivo. Me movilizo por mi creencia, en este caso negativo, y no doy ni me ofrezco la posibilidad de equivocarme y, posteriormente, poder rectificar.
Mis prejuicios, a veces inconscientes por lo interiorizados que se encuentran, condicionan mis pasos y mis objetivos, creando, además, los entornos y situaciones en las que me muevo.
¿Cómo eliminarlos?
-Primero, siendo conscientes de ellos y de cómo limitan mi vida.
-Segundo, dándome la oportunidad de cambiar la creencia que me ha llevado a elaborar ese prejuicio.
-Creyendo en la excepción en lugar de la generalidad.

¿Para qué?:
-Para ampliar mis límites.
-Para cambiar mis creencias.
-Para confiar más en mi y en otras personas.
-Para seguir sorprendiéndome.
-Para crear magia.
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