miércoles, 17 de agosto de 2016

PENSAMIENTO Y EMOCIÓN = ACCIÓN

Lejos de nacer como una tabula rasa, considero que ya lo hacemos con bastante información acumulada en nuestro subconsciente, incluso con aspectos de lo que será nuestro carácter y personalidad. Hay quien lo atribuye a la creencia en vidas anteriores pero, como quiera que sea, nuestra madre ejerce una influencia innegable en todo el período de gestación, y me atrevería a decir que incluso antes de producirse éste, con su deseo (o no) de vivir la maternidad.


Nuestras emociones, como seres sensibles que somos, están activas y emergen frente a determinadas situaciones que resuenan con nosotros y que, por tanto, nos afectan de u otra forma. Lo que para mi puede pasar desapercibido, para ti puede ser un verdadero drama. O viceversa. Y esto, a menudo, se debe a la correlación que existe entre la circunstancia con la que me encuentro y todo el arsenal de pensamientos que he ido acumulando a lo largo de mi existencia, y que me van a hacer reaccionar de una manera determinada y única como ser independiente que soy.

Resonar significa que existe una identificación FUERA-DENTRO y que, por tanto, se produce una sensación de fusión en la que me cuesta discernir lo que soy soy de aquello que representa la circunstancia externa.


Cuando una circunstancia despierta una emoción propia, los pensamientos aparejados van a determinar varias circunstancias:
  • Que esa emoción se mantenga durante más o menos tiempo.
  • Su intensidad.
  • Su evolución: que se enquiste, cronifique o se disipe.
Es por eso que emociones y pensamientos van unidos y que éstos suelen retroalimentar a las primeras. De este modo, es la forma en cómo yo me "cuento" la película acerca de lo ocurrido lo que me mantiene anclado a una emoción que me hace daño en un momento dado y que, por tanto, relaciono con una serie de pensamientos que redundan en el autoconcepto que me voy creando o modificando.

Así, ante una determinada circunstancia que me provoca una emoción, los pensamientos automáticos no tardan en surgir y, con ellos, una actitud o/y acción presente y futura. Pongamos un ejemplo: mi pareja decide dejar la relación después de varios años juntos. No me da ninguna explicación, de modo que yo, al verle acompañado de otra mujer, decido pensar que ese ha sido el motivo. La ruptura genera en mi una serie de emociones fruto del dolor que siento: tristeza, rabia, indignación, sentimiento de abandono, ninguneo, enfado,... Ahora bien, lo que yo haga con esas emociones depende de la capacidad que posea para controlar pensamientos del tipo: "Se ha reído de mi", "No me ha querido nunca", "Sólo quería aprovecharse de mi", "Me ha engañado y no me he dado cuenta", "Soy tonta", "Siempre me engañan los demás", "Soy demasiado confiada",... y todos los que se te ocurran.

Aunque exista un primer momento en el que pueda hacerme ese tipo de comentarios, es necesario no perpetuarlos para que mi autoestima no se vea mermada y perjudicada por la experiencia.

He puesto el ejemplo del desamor o la ruptura amorosa, pero igual serviría para la pérdida de empleo, suspender un examen, etc.

En la entrada sobre El Eneagrama hablaré sobre la triada del sentimiento, la triada del pensamiento y la triada de la acción en un intento de ilustrar aún más el tema expuesto.

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